(Final de) XX.
“Altazor” es también un producto, de las influencias creadoras de las Grandes Fuerzas
Misticas Sobrenaturales existentes en el Universo.
“I saw Eternity the other night,
Like a great ring of pure and endless light,
All calm, as it was bright;
And around beneath it, Time in hours, days, years,
Driven by the spheres
Like a vast shadow moved; in which the world
And all her train were hurled”. (98)
(98). Henry Vaughan, poema citado del libro “History of Western Philosophy”, pag. 64, ed. 1974,
de Bertrand Russell, editado por Alden/Mowbray, Oxford, England.
Esa incuestionable capacidad que como El 666 hoy en el mundo me caracteriza, y que es la que me
permite comprender y ver incluso al propio Dios y a la eternidad, que puede muy bien ser la que
describe Vaughan *(99) en su poema:
*(99). Henry Vaughan, (1621-1695): “poeta inglés autor de poemas misticos recogidos en “Silex
Scintillans”...”, Espasa-Calpe, 1987:1293.
Es la que me permite descubrir, comprender y afirmar, la existencia en “Altazor”, de esa gran
Fuerza Creadora existente en el Universo.
En este sentido, afirmo y revelo también aqui al mundo literario que, el final que Vivcente
Huidobro dio a “Altazor”, al auto-destruir el idioma, es la representación misma de ese “Big
Crash” (“Gran Choque”) que puede muy bien un día, destruir el Universo y de decidir Dios
permitirlo.
De la misma manera es también esa autodestrucción idiomática en el final de “Altazor”, la
fuerza que tambien representa el “Big Bang” creador.
Estas verdades incuestionables son las que explican porque Vicente Huidobro comenzó escribiendo
el prólogo de “Altazor”, como un huesped de ese mundo de las tinieblas que iluminó a Becquer,
del que partió también la creación bíblica del mundo, y donde Vicente Huidobro se encontró con
ese pájaro desconocido que le preguntó y dijo... “si yo fuese dromedario no tendría sed. Que
hora es?...”, para encontrarse también luego con el propio Creador.
No es entonces esa autodestrucción del idioma con que finaliza “Altazor”, una broma de mal gusto
de Vicente Huidobro, un “grito primario”, un “anuncio de algo nuevo”, ni mucho menos “el fin
del experimentalismo formal”.
Esa destrucción idiomática es simplemente: la expresión de esa gran fuerza creativa existente en
el Universo, y que encontró su máxima expresión literaria, en ese “Armagedón” de todas las
lenguas existentes en “Altazor”, como prueba y símbolo de que en el Universo todo es posible y
como:
Una experimentación linguística sin precedentes en la historia de la literatura universal, en la
que Vicente Huidobro, habiendo tenido la iluminación y ayuda espiritual de “Los Doce”, supo
mantener también con su gran genio su independencia creativa, con un estilo nuevo, individual y
propio, admirado incluso por los propios “Doce”.
Vicente Huidobro no está ya mas entre nosotros, compartiendo nuestras efímeras existencias que
un inesperado día dejarán de serlo. Vicente Huidobro está muerto. Vive ahora en su obra y en
ese increíble mundo paralelo de “Los Doce” que también nos ilumina.
No puede pues Vicente Huidobro venir a esta Universidad de Estocolmo a confirmar o negar mis
afirmaciones, porque el espiritismo no es ningún circo en el que las ánimas actuan de payasos.
Los secretos y las leyes del espiritismo verdadero son los que impiden que esto ocurra.
Por eso es que no puedo presentar, aún como El 666 hoy en el mundo, otras pruebas
complementarias a mis afirmaciones y revelaciones, porque mis inumerables encuentros místicos
con el ánima del propio Vicente Huidobro al respecto, aunque convalidan las teorías y tésis que
aquí he presentado, no hay ninguna posibilidad de presentarlos empíricamente en ningún
laboratorio ni universidad del mundo.
Pero por eso es también que puedo señalarle a los incrédulos al revelar y afirmar todas estas
cosas que, la ciencia literaria necesita de este estudio, de estas revelaciones y conclusiones,
para por lo menos tenerla como una hipótesis posible, dentro de ese mundo de imposibles
existentes en “Altazor”.
La Ciencia Literaria necesita de este estudio, tésis e investigación científica mía, “Requiem”,
con sus increíbles y hasta hoy imposibles conclusiones y aportaciones sobre el Proceso de
Creación Literario, obetenidas también dentro de ese no menos histórico marco, descrito hace
casi cuatrocientos años por el propio Francisco de Quevedo:
“Retirado y en la paz de los desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.
Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o fecudan mis asuntos:
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos”. (100)
(100). Francisco de Quevedo, poema 131, recitado por el propio Quevedo a El 666, en encuentro
místico-literario, dedicado a dilucidar su gran ayuda y apoyo
místico a Vicente Huidobro, - aquí ya he explicado- para escribir “Altazor”.
Todo esto quiere decir que es correcta mis afirmaciones e hipótesis científica de trabajo para
realizar esta investigación y estudio, sobre el proceso de creación literaria de Vicente
Huidobro en “Altazor”, partiendo de que esta gran obra literaria es fundamentalmente un
producto: de complicadísimas ideas y meditaciones filosófico-creacionistas, y no de la división
estructural-linguística en siete cantos que le dio su autor, y que presupone la utilización de
planificación y esquemas tradicionales en la realización de “Altazor”.
Considero también que he debatido exitósamente con suficiente exactitud y necesidad científica,
las situaciones y casos donde en la creación de una obra literaria como “Altazor”; participan e
influyen fuerzas desconocidas, misteriosas y ocultas, ajenas a todo proceso de creación
literaria tradicional y corriente, y con el que generalmente tienen lugar la planificación y
creación de las obras literarias que no tienen la calidad y magnitud de “Altazor”, que son las
que escriben historia en la literatura universal.
Afirmo también que en el transcurso de esta exposición y señalamiento de “Los Doce” escritores
que he presentado, como inspiradores y participantes en la creación de “Altazor” a través de su
autor Vicente Huidobro, he demostrado fehacientemente la existencia de estas influencias y
relaciones.