! Crea en El 666, siga a El 666 !
! Apoye a El 666 !
! El 666 cumple siempre lo que promete
y no promete nunca lo que no puede cumplir !
666
(Continuación de): LA ETAPA DE LUCHA REVOLUCIONARIA MARXISTA DE EL 666, AL LADO DEL CORONEL FRANCISCO ALBERTO CAAMAÑO DEÑO, EN 1965-1973.
(“Proyecto 666” de Michel Smiely “666”)
Se ha escrito mucho sobre esto, y historiadores y economistas burgueses se rompen el cerebro en intentar demostrar que, el problema soviético es consecuencia de la propia ineficacia de la teoría marxista.
Lo cierto es que, lo que sucede realmente en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, no es consecuencia de la ineficacia de la teoría marxista, ni mucho menos producto de la voluntad y determinación, de los nuevos dirigentes políticos de la URSS. Es un mal que viene de lejos y que pocos han tenido la oportunidad, la conciencia o el valor de analizar consecuentemente.
Las causas de los graves problemas políticos que ocasionaron la autodestrucción
y el fracaso, de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
(La gran decepción política de El 666 con la desaparecida Unión Soviética)
(Tomado del libro; "La Tragédia de una Revolución Inconclusa" de Michel Smiely "666" ):
El 666 como intelectual revolucionario marxista, en Estocolmo, Suécia, en 1978.
El problema es tan complejo que, los rusos no lograrán nunca salir del atolladero, mientras no reconozcan la necesidad de combatir, los señalados males que caracterízan a la Sociedad Soviética, y que tantos sacrificios innecesarios imponen al Pueblo, en nombre de un progreso social que comienza a chocar, con la inepta política establecida en el Krémlin.
El factor histórico del problema, dónde se encuentran las bases que han desarollado los males que hoy aquejan, a la Sociedad Soviética, está en la situación social de la antigua Rusia Zarista que, con sus conocidas aberraciones, represiones, injusticias, explotaciónes y miserias conllevó, al triunfo de la Revolución de Octubre de la peor manera posible.
El Zarismo impidió a todo lo largo y ancho de la história rusa, la forjación de una conciencia cívica en el pueblo ruso que garantizara, la tradición, defensa y existéncia de las libertades democráticas que, de ninguna manera son o pueden ser ajenas al socialismo ni a la teoría marxista.
El Zarismo ha sido, unas de las épocas políticas (sobrevivió hasta el Capitalismo), más salvajes y denigrantes que Pueblo alguno ha conocido en la historia de la Humanidad. Y fué precisamente allí, bajo esa férula de injusticias, atrocidades y crímenes, dónde triunfó la Primera Revolución Socialista; dónde surgió el Primer Estado Proletario. Y esto fué posible gracias al sacrificio, al heroismo y a la lucha de un Pueblo que, como al ruso, costó millones de muertos e inenarrables sufrimientos, tragédias y privaciones.
La violencia del Pueblo; violencia recolucionaria que cambió el curso de la História de la Humanidad, fué consecuencia de la opresión y resistencia de un sistema social decadente, que se negaba a morir. Cuándo los últimos Romanovs fuéron ajusticiados; el Capitalismo internacional intervenía abiertamente con sus tropas y recursos econonómicos, en el antiguo imperio ruso.
Sin la violencia revolucionaria, la Revolución Socialista de Octubre –de 1917-, hubiera sido aplastada. La lección de la Comuna de París, tenía que ser aprendida, y el Pueblo ruso dirigido por Lénin, aprendió la lección y aplastó a los traidores y con ello, a la contrarrevolución descabezada. Pero, aplastados los enemigos de la Revolución; hasta dónde debía prolongarse la violéncia revolucionaria?...
Previendo con su indiscutible genio político, la necesidad de solucionar este problema; Lénin señaló en su conocido “testamento político”, (al ver hacia dónde se dirigía la URSS con semjane abuso del Poder), que por sus características personales José Stálin, (a quién calificó también como un rudo y brutal matón); no era el más indicado para dirigir el Poder Soviético, sugiriendo incluso su desplazamiento del Partido.
La história sin embargo, es de todos conocido; Stálin tomó las riendas del Poder después de la muerte de Lénin, no como un revolucionario marxista-leninista delegado por el Partido, sino a través de complots, traiciones y purgas, (de lo contrario no hubiera permanecido nunca como Secretario General, del Partido Comunista Soviético), adueñándose del Poder como Señor de horca y cuchillo que, continuó la vieja tradición dictatorial y represiva de los Romanovs, substituyendo un terror por otro, amparándose en los problemas históricos que existían en su época.
Aquella era una época en que, el problema del socialismo en la URSS era, su defensa y mantenimiento. Lo que conllevó a que, aquel terror fuera ocultado y aplaudido por muchos que veían en el mismo, él único medio efectivo de salvar la Revolución. Cuando en realidad era un terror contrarrevolucionario aplicado en nombre, de la necesidad de subsistencia de la primera Revolución Socialista, pero en realidad consecuencia, de los defectos personales y naturaleza de un hombre inepto cómo José Stálin, sediento de Poder que, a pesar de conocer a fondo el marxismo, no tuvo la capacidad de vislumbrar, las funestas consecuencias que en el futuro impondrían sus errores, a la nueva Sociedad Soviética.
Esto le costó la vida, a los “pocos” que tuvieron el valor de comprenderlo, y sin lugar a dudas, a los mejores cuadros de la Revolución de Octubre, incluyendo al propio León Trotsky, que fue calumniado, desterrado y asesinado por órdenes de Stálin, en su exilio en México, castrando también políticamente al propio Partido Comunista Soviético, órgano de Poder del nuevo Estado Revolucionario que, fué transformado –el Partido-, en todo un vehículo de Poder e intereses personales, -carrerismo político-.
Durante los costosos y largos años del stalinismo, el Partido Comunista Soviético, no solamente fué convertido en un instrumento de poder personal (de beneficios y prebendas), sino también, en un ejecutor ciego de la voluntad del nuevo amo; José Stalin. El Partido era todo, menos el órgano de determinación y Poder que se suponía dirigía, el nuevo Estado Socialista. Era una policía política dentro de un estado policíaco. Policía que a su vez esaba vigilada por otra más temerosa; la KGB. Y como corolario de una adversidad sin precedentes que le hizo el juego al Capitalismo, por encima del Partido y de la propia KGB, existía una figura todavía más poderosa y temida; José Stálin.
La etapa más crucial de esta desnaturalización revolucionaria del Partido Comunista de la Unión Soviética, es la que corresponde al gobierno de José Stalin. Cómo la necesidad histórica del movimiento revolucionario mundial, en los años de 1917 hasta 1924 era, la defensa del socialismo en la URSS; el concepto de Stálin de que el antisovietismo era anticomunismo, fue una verdad revolucionaria bajo la que se cometieron muchos excesos.
Y aunque los excesos en el campo político tienen siempre consecuencias funestas, aquellos terribles errores tenían evidente justificación histórica porque, si bien es cierto que la contrarrevolución había sido aplastada, esta victoria no quería decir nunca que la existencia del Primer Estado Proletario del Mundo, estuviera garantizada. Imponiéndose aún después de 1924, (hasta comienzos de la guerra fría en 1946-1948), la máxima “staliniana”, -en realidad revolucionaria-, de que el antisovietismo era anticomunismo.
Fue la época de la insdustrialización de la URSS, cómo premisa necesaria para la consolidación política y económica del Socialismo. Desarrollo que transcurrió bajo las presiones de un ambiente hostil; exterior, con la instauración del facismo y el nazismo en Italia y Alemania. Interior; con la resistencia de los kulaks (“burguesía” rural rusa), a la colectivización. No se podía ser flexible, pero ello no implicaba tampoco la necesidad del abuso del Poder, ni mucho menos de mutilar el centralismo democrático del Partido Comunista Soviético, defendido tanto por Lénin, por ser esta la premisa que garantizaba una consecuente dirección de la Sociedad Soviética, y un correcto desarrollo de su principal órgano de Poder; el Partido Comunista.
Que al estallar en Europa la Segunda Guerra Mundial en 1939, se haya tenido que actuar con mano de hierro en el antiguo imperio ruso, y el sorpresivo ataque alemán a la URSS justificara en parte, los conocidos métodos de terror stalinistas, por supeditarse la política nacional, a la seguridad y defensa del Primer Estado Socialista; no justificaban sin embargo las sangrientas purgas realizadas por Stalin, en el Partido Comunista Soviético y en el Ejercito Rojo, que una vez más:
Privaron al Partido y al Ejército Rojo, de sus mejores cuadros y mandos militares, lo que casi ocasiona el hundimiento del Estado Soviético, permitiendo a las tropas alemanas de Adolfo Hitler desarrollar exitósamente su agresión a la URSS en 1941. Agresión contenida finalmente en 1943 sólo por el sacrificio y heroismo, de un Pueblo que como el soviético, cree firmemente en el Socialismo, en las enseñanzas y metas de Lénin, y en las “utopías” e "irrealizables sueños" de Carlos Marx.
Los historiadores burgueses se resisten a reconocer que, si el Pueblo Soviético no derrocó a Stálin, en las postrimerías de la II Guerra Mundial, no se debió al terror y control político que ejercía Stálin, sino a la fé que el Pueblo Sovietico tiene en el Socialismo. Porque, ningún terror podía superar al terror nazi, y el Pueblo Soviético no se atemorizó ante las inenarrables atrocidades de las hordas hitlerianas. Y el “Imperio de los Mil Años” no se garantizó finalmente nunca con las bestialidades y crímenes del Fuhrer del III Reich, Adolfo Hitler.
No podía constituir entonces José Stálin una excepción, en un problema que la História tiene ya dilucidado; que no se construye ni garantiza nunca la seguridad y existéncia de un Imperio, con las armas del terror. No podía entonces Stálin conservar el Poder –con su terror-, sin el apoyo del Pueblo Soviético que creía, cree y continuará creyendo en los ideales de Lénin y de Marx.
Con la derrota del facismo y del nazismo en 1945, el Socialismo se instauró en varios países de Europa Central, constituyéndose en un Sistema Político Mundial. Si este hecho histórico, consecuencia de una Segunda Guerra Mundial desatada por las contradicciones y felonías de un capitalismo decadente, incapaz de preveer las consecuéncias de sus propias fechorías, asestó un golpe mortal al monopolio del Capitalismo cómo sistema social, creando el polo opuesto; el Socialismo. Cambió también radicalmente con ello, la correlación de las fuerzas políticas, en la palestra revolucionaria mundial.
Ya no era la necesidad principal del movimiento revolucionario internacional, defender la seguridad del Primer Estado Socialista, a todas luces garantizada, sino la aplicación de una política consecuente que garantizara, la liberación de los Pueblos Oprimidos. Y al producirse esa correlación de fuerzas; la Unión Soviética había quedado desahuciada, cómo consecuencia de la guerra contra el facismo, y los logros económicos obtenidos hasta la invasión alemana hitleriana de 1941, fuéron hasta tal punto diezmados que, exigió e impuso de nuevo la reconstrucción total del páis, de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. La guerra había sido ganada, pero a un precio terriblemente espantoso, por cuanto más de 20 millones de ciudadanos soviéticos perecieron y murieron en la misma.
La reconstrucción de la Unión Soviética transcurrió entonces, bajo el manto de la Guerra Fría. Los Estados Unidos de América ocuparon ante el Campo Socialista, el viejo papel anticomunista de la Alemania hitleriana, haciendo con ello más difícil la restauración económica de la URSS, efectuada bajo la amenaza constante del Capitalismo Occidental.
Durante mi permanencia en la Unión Soviética en 1967 pude comprobar, cómo era cierto aquello de que no había prácticamente una familia rusa que, directa o indirectamente, no estuviera marcada por los horrores de la guerra, y cómo aquella hecatombe había influído en la estratégia política del país.
Cuándo los teóricos del Partido Comunista de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, se inclinan por la Coexisténcia Pacífica, no lo hacen porque sean revisionistas, contrarrevolucionarios o traidores al Pueblo Soviético o al marxismo-leninismo, cómo afirman muchos detractores. Lo hacen porque interpretan correctamente, las consecuéncias de una época histórica que marcó profundamente, en el transcurso de menos de una generación, a un Pueblo heroíco que como el soviético, se vió sumido en la guerra más sangrienta y cruel que hasta hoy –1967-, la Humanidad ha conocido.
Para un país cómo la Unión Soviética, con más de veintidós millones de kilómetros cuadrados, (el más grande del mundo), y con todos los recursos naturales necesarios para su desarrollo en sus propias fronteras; país verdaderamente autárquico, capaz de poder prescindir del contacto exterior y de construir no obstante exitósamente, su economía, la Coexisténcia Pacífica significaba:
Paz para el trabajo. Paz para la educación y el bienestar de un Pueblo Soviético desvastado, por los horrores de la guerra. Paz para la producción y el desarrollo científico e industrial. Paz para la reconstrucción y el progreso social. La paz pues era, la divisa más importante para la construcción del Socialismo, para la reconstrucción del país y para el progreso social. Y la Coexisténcia Pacífica era; el camino más largo pero menos costoso, para garantizar la seguridad y el desarrollo del Campo Socialista.
En estas apreciaciones los teóricos del Politburó Soviético no están equivocados, porque ellos parten, de las necesidades reales del Campo Socialista. Que fuera de este campo exista un mundo en convulsión; una descomposición político-social que apura, la decadencia de un imperio; el Capitalismo, y del colonialismo de nuevo cuño; el neocolonialismo, es harina de otro costal.
La Coexisténcia Pacífica está hoy –1967- determinada, por las necesidades reales de la Unión Soviética, de sus aliados europeos y del propio Capitalismo. No es una ficción para ellos; para los rusos ni para los norteamericanos. Tampoco es una desviación ideológica impuesta, por una “desnaturalización” del marxismo-leninismo. Es una medida y realidad política mantenida y aplicada para resolver, problemas concretos del Campo Socialista europeo cómo también del propio Campo Capitalista.